La felicidad del sufrimiento

Cuando alguna circunstancia extraordinaria provoca una explosión en nuestro estado de confort y nos saca de él, surge un repentino caos que pone “patas arriba” nuestros valores, creencias y sentimientos. Luego, durante un tiempo más o menos prolongado, nos sentimos perdidos y asustados como ratones en un mundo de gatos.

La pérdida de ese empleo que parecía que iba a durar toda la vida, la amputación de un miembro, un diagnóstico de cáncer, verse postrado en una silla de ruedas para toda la vida como consecuencia de un accidente de tráfico y un largo etcétera, son, sin duda, circunstancias extraordinarias, pero no imposibles y, por tanto, deberían tenerse en consideración a la hora de decidir sobre nuestro futuro.

Casualmente, nuestro cerebro, tan preparado para protegernos mediante aquellos miedos mal etiquetados a los que me refería en el post anterior Elegir desde el miedo, no parece tener en cuenta estas circunstancias extremas, quizás porque considera que ocultando ciertos escenarios posibles, nos mantiene más protegidos contra algún cuadro de ansiedad.\r\nHace unos días, mientras comía en casa de unos amigos, les propuse un juego a los comensales, consistente en que cada uno me dijera qué haría si un médico le asegurara que le quedaban solo seis meses de vida.

Surgieron todo tipo de ideas, viajes, juergas, fiestas,...-actividades muy relacionadas con el concepto de felicidad- pero hubo una reflexión de uno de los hijos que me llamó poderosamente la atención: – “¡Tanto esfuerzo labrando un futuro en la universidad para nada!”. Esta frase me hizo pensar mucho sobre la toma de decisiones respecto a nuestro futuro.

Sospecho que la mayoría de nosotros, querríamos pasar esos seis meses haciendo aquello que nos proporciona cierto grado de felicidad y, también creo, que si ese muchacho fuera feliz estudiando, querría seguir haciéndolo hasta el final de su vida. Pero sin embargo, no es así. Es como si hubiera elegido un camino de sufrimiento para alcanzar una hipotética felicidad a largo plazo. ¿Por qué no elegimos destinos que nos permitan disfrutar del viaje?.

Un buen destino nos proporciona, quizás, un cierto grado de felicidad, pero si su alcance está lejano en el tiempo, la elección de un buen camino nos permitirá ser felices también durante el trayecto. ¿Se debe priorizar, entonces, el camino sobre el destino?. Disfrutar del viaje no significa que éste no sea duro. Cualquiera que haya practicado algún deporte de fondo, sabrá que existe “la felicidad del sufrimiento”, una especie de sufrimiento “bueno”.

Un ciclista sufre en su escalada a un puerto de montaña y un atleta sufre cuando corre una maratón, pero en ambos casos, la pasión con la que se aborda “el viaje”, convierte ese sufrimiento en una especie de catalizador de la felicidad. No solo se disfruta de la llegada a meta, se sufre pero se disfruta de cada una de las pedaladas o zancadas.

Otra cosa muy diferente, es abordar la escalada o la carrera sin pasión. Si nos marcamos como único objetivo llegar a la meta, el sufrimiento, esta vez del “malo”, durante el camino será una constante y además, solo habrá recompensa para aquellos que al final consigan cruzar la meta. Para todos los demás, el sufrimiento habrá sido en vano, e incluso muchos de los que crucen la meta, descubrirán que lo que encuentran tras ella, no les transmite ningún tipo de felicidad. ¿Merece la pena el riesgo de decidir pensando únicamente en la meta?... continuará...

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